Los Océanos, perfecto equilibrio

Los Océanos cubren más del 70% del planeta y bajo ellos se esconde la cordillera más larga, la montaña más alta y el valle más profundo de la tierra, que en vista de éstos y otros asombrosos datos que descubriremos a lo largo de esta expedición submarina, le correspondería, con más acierto, el nombre de planeta Océano en lugar de planeta Tierra.

Bacterias verdes fotoautótrofas

Bacteria Verdes Fotoautótrofas

La vida se abre camino en adversas condiciones

Hace 3.500 millones de años apareció la primera forma viva en nuestro planeta y lo hizo en un medio acuático, tan ácido como el vinagre y capaz de aportar moléculas susceptibles de transformarse y convertirse en parte de sus consumidores, es decir, de crear nueva biomasa. Sabemos que la energía no se crea ni se destruye, sino que se transforma. Un gran poder energético procedente de las radiaciones solares, se transforma cada día en biomasa por la acción fotosintética de las plantas. Esto sucedió en los albores de la vida cuando las bacterias fotoautótrofas, antecesoras de los vegetales actuales, utilizando moléculas de CO2 procedentes de las frecuentes erupciones volcánicas de la época, crearon sus primeras moléculas esenciales para la vida. La acción conjunta de estos microorganismos, enriqueció de oxígeno los océanos y la atmósfera, que evolucionaron a los medios oxidantes actuales, permitiendo el desarrollo de otras formas de vida más complejas en las que el oxígeno se convirtió en un elemento indispensable para el almacenamiento y la transformación de la energía procedente de los alimentos.

La Evolución comienza en los mares

De aquellos primeros seres vivos, unicelulares y fotosintéticos, hasta las complicadas y variadas formas vivas que pueblan actualmente los océanos, se han sucedido numerosas adaptaciones biológicas. 600 millones de años atrás aparecieron las primeras conchas y caparazones que permitieron a moluscos y crustáceos protegerse de los depredadores y explotar nuevos recursos. Las algas marinas colonizaron el medio terrestre hace 400 millones de años y tras ellas, aparecieron los insectos y los anfibios. A partir de los vertebrados primitivos se escindieron nuevas ramas evolutivas que dieron lugar a los reptiles, pájaros y mamíferos. Algunos de estos mamíferos volvieron de nuevo al mar, especializándose en el medio acuático con increíbles adaptaciones como las que les permiten a los Calderones (Hyperoodon) sumergirse dos horas sin necesidad de salir a la superficie para respirar, mantener a la Ballena de Groenlandia (Balaena mysticetus) con una temperatura corporal constante y cálida y optimizar el esfuerzo físico de focas y leones marinos disminuyendo su rozamiento con el agua.

Ballena de Groenlandia

Ballena de Groenlandia (Balaena mysticetus)

El agua y sus características fundamentales

Existen fósiles datados en 250.000 años que evidencian el aprovechamiento de los recursos marinos por nuestros antepasados. Aristóteles se cuestionó los problemas inherentes a una todavía ilusoria inmersión submarina y tras él, se sucedieron los estudios con este objetivo hasta 1944 en que el Comandante Jacques Cousteau lograba adentrarse en las profundidades de los océanos con ayuda de su recién inventada escafandra autónoma.

Las características de su componente fundamental, el agua y las propiedades físicas de éste y el resto de sus constituyentes, sales, gases, partículas en suspensión, nutrientes de origen terrestre y otros componentes menores, hacen del océano un ecosistema enormemente complejo. Una molécula de agua (H2O) esta formada por dos átomos de hidrógeno unidos a uno de oxígeno. Una de la característica de ésta molécula es su elevado calor específico, propiedad que le permite conservar calor y perderlo poco a poco. De esta forma, los océanos se han convertido en moderadores del clima suavizando las temperaturas extremas. La molécula de agua presenta además una gran fuerza de adhesión entre sus átomos. Esto eleva la tensión superficial y permite el desarrollo de especies que viven sobre la superficie del océano.

 

De pequeño tamaño pero de gran importancia

A este grupo de organismos se les denomina pleiston, y de él forman parte algunas medusas como la peligrosa Carabela Portuguesa (Physalia). Además, el fuerte enlace de hidrógeno eleva la viscosidad del agua, permitiendo la flotabilidad del plancton y una mayor permanencia de los nutrientes en las capas más superficiales. Los productores primarios del océano, de los que depende la vida en el mar, son aquellos capaces de realizar la fotosíntesis, creando materia viva a partir de sustancias inorgánicas. Aunque existen algas de hasta 50 metros de longitud, la mayor parte de estos organismos son microscópicos y se denominan en conjunto fitoplancton. Este grupo de seres vivos necesita mantenerse en los primeros 100 metros de profundidad por ser ésta la zona fótica o zona a la que llegan los rayos solares. Para ello, diatomeas y dinoflagelados desarrollan estructuras alargadas que aumentan su superficie presentando así mayor resistencia al hundimiento. Estos organismos liberan oxígeno a las aguas y sirven de alimento al zooplancton, constituido por pequeños invertebrados como crustáceos, y numerosas larvas de animales, la mayor parte de los cuales, el bentos, viven en su forma adulta sobre el fondo del mar.

Los Eufausiáceos son crustáceos planctónicos de pequeño tamaño parecidos a las gambas. Viven en el océano Antártico en grandes poblaciones y su especie de mayor tamaño, Euphasia superba, es la única constituyente del krill, fuente exclusiva de alimento de la casi extinta ballena azul de las frías aguas polares. Del plancton se alimenta el necton, capaz de nadar con soltura e independencia de las corrientes marinas. Cangrejos ermitaños, gambas y otros carroñeros, se alimentan de restos de animales, y las bacterias descomponedoras convierten la materia fecal y otros restos orgánicos en sus componentes fundamentales, principalmente nitratos y fosfatos, que se incorporarán de nuevo a la cadena alimentaria por acción de los vegetales marinos.

 

La sal, imprescindible para la vida

Una de las características fundamentales del agua de los océanos es su salinidad. La masa de agua primitiva, cargada de ácidos débiles pero persistentes, erosionó la superficie de las rocas y disolvió e incorporó las sales que las constituían. El agua de lluvia, acidificada por los gases atmosféricos como el CO2 y el hidrógeno, arrastró carbonatos, sulfatos y otras sustancias que, con el paso del tiempo, han pasado a formar parte de los sedimentos marinos y de ciertos organismos como los pólipos, moluscos y crustáceos, que los incluyen en esqueletos, caparazones y otras estructuras biológicas. Generalmente, el porcentaje de sal en los océanos se encuentra en torno al 3,5 % aunque en el mar Rojo, nombre que recibe por el tono encarnado de la abundante alga roja (Trichodesmium erythraeum) de su superficie  y debido a la alta evaporación y a las escasas precipitaciones de la región, este porcentaje se eleva, superando el 4,3 %. La sal mayoritaria en los océanos es el cloruro sódico y una de las menos abundantes la constituyen los fosfatos, indispensables para la vida de los productores primarios. Las corrientes verticales que se producen en los océanos cuando dos masas de agua que se encuentran a distinta temperatura, y por lo tanto con distintas densidades, se encuentran, elevan los fosfatos y otros nutrientes desde la zona afótica a las capas superiores de la columna de agua, permitiendo el reciclaje de materia. Estas corrientes definen las zonas de mayor abundancia pesquera ya que, en ellas, se concentra el fitoplancton y quienes se alimentan de él.

 

La luz bajo el agua

El océano Pacífico, el más grande y profundo del mundo, en el que se localiza la gran fosa oceánica de las Marianas, con 10.916 metros de profundidad, es la región pesquera más productiva del planeta. En él se dan cita las corrientes cálida ecuatorial y fría de Humboldt, frente a las costas de Perú. No obstante, la sobreexplotación parece haber acabado con gran parte de los recursos que hicieron de este país una importante potencia económica en la década de los 60. Las sales marinas son también las responsables de la dispersión de la luz y por tanto de la disminución de la visibilidad bajo el agua. Además, las moléculas de agua absorben las distintas longitudes de onda de los colores, por lo que desaparecen según aumenta la profundidad. El primer color que se deja de ver es el rojo y el último en ser absorbido es el azul que da el color característico de los océanos y mares del planeta. Este hecho es el responsable de la estratificación de las macroalgas en las zonas costeras. Mientras que las algas verdes necesitan la luz roja para realizar la fotosíntesis, razón por la cual se encuentran en los primeros metros de profundidad, las pardas se han adaptado a otros rangos del espectro pudiendo colonizar hábitats de hasta 15 metros bajo la superficie. Por último, las algas rojas pueden desarrollarse aún más profundamente ya que realizan la fotosíntesis con luz azul y verde, capaz de atravesar la columna de agua hasta 30 metros.

 

Criaturas Abisales, realidad o fantasía

Muchos animales abisales, que viven en las oscuras profundidades del océano, y otros organismos que habitan por encima de estos, han desarrollado estructuras luminosas denominadas fotóforos ó relaciones simbiontes con bacterias lumínicas. Unos y otras les permiten comunicarse mediante la emisión de luz procedente de reacciones químicas. Los mensajes luminosos se dirigen a los de su misma especie durante determinadas etapas como el cortejo o el periodo de cría, o a otros organismos con los que mantienen relaciones fundamentalmente tróficas. El anzuelo del rape (Lophius piscatorius) parte de la superficie dorsal de su cabeza y se dispone frente a la boca. Se ilumina mientras se mueve y atrae a los pequeños peces que constituyen la dieta de este voraz animal. No obstante, en las numerosas especies abisales, el órgano sensorial mejor desarrollado es la línea lateral. Con él pueden detectar las ondas de presión que generan sus siempre escasas presas al moverse, por lo que pueden atraparlas sin necesidad de verlas.

Pulpo Dumbo

Pulpo dumbo

Cerato abisal blanco

Cerato abisal blanco

Medusa béntica

Medusa béntica

Medusa gran rojo

Medusa gran rojo

Existe un lugar en los fondos de los océanos donde, al contrario de lo que es habitual a estas profundidades, los animales son abundantes y crecen con rapidez. Se denominan chimeneas hidrotermales y en ellas, el agua, que ha sido filtrada hacia el interior de la corteza terrestre y calentada por su proximidad con cámaras magmáticas, sale cargada de sulfuro de hidrógeno del que se alimentan las colonias de bacterias sulfúreas que, a su vez, sirven de alimento a la gran cantidad de gusanos y moluscos de hasta 25 cm que se aglomeran en sus proximidades.

 

De nuevo, una comunidad única en el versátil medio acuático que ofrecen los océanos: El Mar de los Sargazos

El océano Atlántico, en continua expansión tal y como muestra la existencia de la mayor dorsal oceánica del mundo, con montañas de hasta 4.000 metros de altura, limita en el Norte con el océano más pequeño de todos, el Glacial Ártico, y en el Sur con el Glacial Antártico. Posee, en las aguas someras que lindan con el trópico americano, una comunidad protagonizada por dos especies de algas pardas, Sargassum natans y Sargassum fluitans. Estas algas, arrastradas por las olas, viajan con las corrientes hacia el Norte donde, concentradas por la acción de los remolinos y gracias a sus vejigas repletas de aire, flotan y se instalan en el mar que recibe su nombre. Allí, aunque incapaces de reproducirse y sin un soporte que las ancle al sustrato, son capaces de sobrevivir durante años, ofreciendo a numerosas especies de caracoles, cangrejos, quisquillas, actinias, briozoos y peces, un ecosistema único. Estos animales, proceden de los sargazos tropicales pero han desarrollado adaptaciones particulares que los diferencia de las especies que viven en ellos. Son una prueba más de la evolución y del papel que el medio ambiente desempeña sobre las características morfológicas y fisiológicas de los seres vivos.

 

Los Arrecifes, fuente de vida

Existe una organización biológica en el medio marino que destaca en cualquier análisis de productividad. Se trata de los arrecifes, los ecosistemas que más biomasa generan por unidad de tiempo de todo el planeta. Los antiguos arrecifes constituyen hoy montes terrestres de hasta 3.000 metros de altura, y la Gran Barrera de Coral, en el Sur de Australia, representa la mayor construcción biológica de mundo. Una de las características de estas formaciones es su capacidad de variar las condiciones físicas y ecológicas del ambiente en el que se encuentran. Son ya numerosas las pruebas que apoyan la teoría que diera Charles Darwin acerca del hundimiento de conos volcánicos provocado por la instalación de arrecifes en la plataforma oceánica adyacente, hundimiento que origina lagunas internas y la configuración, en último término, de los característicos atolones de la Polinesia y otras regiones indopacíficas.

En estas formaciones, decenas de miles de especies de seres vivos coexisten en un equilibrio en el que las algas rojas calcáreas en los arrecifes de algas y el coral pétreo en los arrecifes coralinos, son el centro de toda actividad. En este último caso, son los pólipos los formadores de la colonia de coral. Una larva del tamaño de la cabeza de un alfiler, se desarrolla en la cavidad gástrica de la madre para, posteriormente, salir al exterior y fijarse a un soporte sólido. Allí, el pólipo recién instalado, creará una estructura caliza sobre la que se sustentará el resto de su vida y desarrollará tentáculos cargados de células urticantes, los cnidoblastos, que le ayudarán a atrapar pequeñas presas y a defenderse de los depredadores. Este organismo se reproduce asexualmente, creando pólipos hijos que se reproducen a su vez, aumentando los depósitos de carbonato y creando una auténtica obra de ingeniería en la que esponjas, almejas, cangrejos, estrellas de mar, caracoles, numerosas especies de peces, tiburones y otros organismos constituyentes del arrecife, encontrarán cobijo, alimento y pareja. En determinadas épocas del año, las células sexuales de los pólipos machos se expulsan al mar y penetran en la cavidad gástrica de la hembra donde fecundan un óvulo. El huevo formado será el origen de una nueva colonia de coral. Aguas cálidas, escasa sedimentación y poca profundidad que permita que las zooxantelas, algas simbiontes que viven en el interior de los pólipos, realicen la fotosíntesis, son las condiciones indispensables para el desarrollo de estas auténticas ciudades submarinas.

Mar Rojo

Mar Rojo

Filipinas

Filipinas

Australia

Australia

La mayor región de Arrecifes del planeta es la situada entre los océanos Pacífico e Índico, en la que se incluyen entre otras, las formaciones del Mar Rojo, las Maldivas, Filipinas y la Barrera australiana. Dentro de ésta, es la zona occidental de los océanos Pacífico e Índico donde mayor génesis de biomasa y diversidad de especies se observa. La región Atlántica con las Bermudas, los Arrecifes brasileños y El Caribe, en el que se encuentran 70 especies distintas de corales, constituye la otra región en la que se desarrollan estos ecosistemas. Uno de los peligros inminentes de estas formaciones, es la sedimentación de arenas y otros materiales de origen terrígeno que son lavados y arrastrados desde las costas al mar, a partir de zonas que han quedado desprotegidas de su cobertura vegetal original o en las que se han creado puertos, playas y otros accidentes geográficos artificiales que aumentan la erosión en la zona. Los pólipos que forman el coral no tienen medios de librarse de la arena y el lodo que se deposita sobre ellos y mueren de inanición y asfixia. No son sólo los arrecifes los que, de forma directa o indirecta, se encuentran amenazados por la acción del hombre. Los mares, unidos a los océanos por estrechos canales ó totalmente aislados de éstos, sufren las más altas tasas de contaminación.

 

Protección medioambiental insuficiente

El Mediterráneo, el mar más urbanizado del mundo, base de importantes actividades industriales en Barcelona, Venecia, Dubrovnik y otras ciudades del Norte, frontera de países en vías de desarrollo en el Sur y expuesto al olvido de Israel, Líbano y otras comunidades del Este, hervideros de graves tensiones políticas y militares, no es capaz de afrontar las continuas agresiones pesqueras, los restos contaminantes que los petroleros dejan a su paso por el Canal de Suez y el Estrecho de Gibraltar, ni la degradación de sus hábitats, algunos de los cuales, como las praderas de Posidonia oceánica, son endémicos del Mediterráneo. Las raíces de Posidonia fijan el sustrato arenoso y los haces, actúan de protección para los alevines de numerosas especies y oxigenan las aguas de este mar que tiene puestas sus esperanzas en acuerdos de protección firmados por los países implicados:

El Plan de Acción para la protección y el desarrollo de la cuenca del Mediterráneo (PAM) tiene como objetivo la protección y mejora del medio ambiente y el desarrollo de la Región, basándose en los principios de la sostenibilidad. Fue adoptado en 1975 por 16 estados mediterráneos y la UE bajo el auspicio del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). En la conferencia de Barcelona de 1995 se enmienda el Convenio y pasa a denominarse Convenio para la protección del medio marino y la región costera del Mediterráneo. Además se revisan los protocolos existentes y se adopta un nuevo Plan de Acción.

En la actualidad son 22 las partes contratantes del Convenio de Barcelona: Albania, Argelia, Bosnia Herzegovina, Croacia, Chipre, Egipto, la Unión Europea, Francia, Grecia, Israel, Italia, Líbano, Malta, Mónaco, Marruecos, Serbia y Montenegro, Eslovenia, España, Siria, Túnez y Turquía. Desafortunamente, su cumplimento aún está pendiente por la mayor parte de los países ribereños que lo firmaron.

 

Los Océanos, fuente de sabiduría

El conocimiento es la base de la protección y la conservación de la naturaleza pero, en el caso de los océanos y mares del planeta, puede convertirse además, en el descubrimiento de una nueva fuente de alimento, y energía, en el hallazgo de nuevos materiales con importantes propiedades o de medicamentos para enfermedades que carecen actualmente de cura. El estudio de los océanos puede, en fin, reportar nuevas vías de desarrollo al ser humano, y esto le convierte en uno de los principales centros de atención de la comunidad científica. Es el océano Glacial Antártico, que rodea al continente permanentemente cubierto de hielo del mismo nombre, el centro de gran parte de las investigaciones oceanográficas que se están llevando a cabo actualmente. Este lugar, el más desconocido de la tierra, esconde innumerables secretos, no sólo de su fauna y flora, sino también, de su papel en el mantenimiento de la estabilidad de la biosfera. Muy pocos países son los que no cuentan con una base en el continente antártico y al menos, con un buque oceanográfico con el que explorar estas aguas vírgenes y misteriosas, que se comunican con el resto de las aguas de los océanos del mundo, según un ciclo que se repite hace ya millones de años y que permite la vida en nuestro planeta.

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2017-02-27T12:01:07+00:00

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