Los Pulpos

Mucho antes de que los mamíferos se adueñaran definitivamente de tierra firme, los moluscos aparecieron en el periodo Cámbrico, hace unos 500 millones de años, cuando el cálido clima que reinaba al principio de la Era Primaria empezaba a enfriarse como premonición de otra glaciación que sufriría la Tierra. De las siete clases del Filum de los moluscos, solo los cefalópodos consiguieron un alto grado de desarrollo, haciendo que su condición de invertebrados no fuese impedimento para compartir algunas características de los vertebrados, e inclusive de los mamíferos.

Tentáculos y Ventosas

Los Octópodos (del griego októ, “ocho” y podo, “pie”) son un orden de moluscos cefalópodos conocidos comúnmente como pulpos, carecen de concha y poseen ocho brazos cubiertos de ventosas. Actualmente existen unas 150 especies de pulpos en todo el mundo, siendo el Octopus vulgaris una de las más populares. Mientras que el nombre de su clase, cefalópodos, hace alusión a la organización de su cuerpo, cabeza con patas; el de su género, Octopus, se refiere al número de sus miembros, ocho patas; y si atendemos al nombre de la especie, vulgaris, nos sugiere que estos pulpos son comunes en los mares que bañan nuestras costas, siendo su distribución el Mediterráneo y el Atlántico Norte.

Los Pulpos

Octopus vulgaris

Los Pulpos

Octopus vulgaris

Los Pulpos

Octopus vulgaris

La Inteligencia de los Pulpos

Aún sin cerebro verdadero, pues se trata en realidad de un desarrolladísimo ganglio nervioso, la inteligencia demostrada por los pulpos no tiene nada que envidiar a la de muchos animales superiores. No en vano, los pulpos presentan el sistema nervioso más complejo de los invertebrados, traspasando a menudo la barrera entre lo que es instinto y comprensión. Se ha constatado que los pulpos tienen memoria tanto a corto como a largo plazo, igual que los vertebrados. De hecho, cuando se les presenta una dificultad y consiguen salir airosos, aprenden de ella, de modo que cuando se les ofrece otro problema, ya ni siquiera igual, sino similar, los pulpos recuerdan la experiencia anterior para resolver la nueva situación incluso con mayor rapidez. Esto lo pueden confirmar aquellos acuariófilos marinos que han tenido alguna vez en sus acuarios a estos inquietísimos animales, estableciéndose una lucha en escalada entre las travesuras de los pulpos y el intento de su cuidador por evitarlas.

Una de sus peculiaridades de los pulpos, aunque no por ello una desventaja, es que cuentan con dos sistemas de aprendizaje separados, uno basado en estímulos táctiles y otro basado en estímulos visuales. Por ejemplo, en los vertebrados los centros cerebrales que se encargan del aprendizaje y los que se encargan del movimiento están íntimamente unidos entre sí, de manera que si se extirpa o anula una parte de, por ejemplo, un centro de aprendizaje, las respuestas motoras pueden verse incluso anuladas. Sin embargo, en los pulpos la motilidad no se vería afectada por la extirpación total o parcial del centro de aprendizaje.

Los Sentidos de los Pulpos

No hay más que observar mediante disección, los grandes sacos olfatorios localizados detrás de los ojos de los pulpos, para comprender su buena capacidad olfativa. El sentido del gusto tampoco se queda atrás, pero sin duda, la vista y el tacto son sus dos sentidos más desarrollados; de hecho, los ojos de los pulpos son sorprendentemente parecidos a los de los mamíferos, y sus tentáculos son tan expertos interpretadores como los dedos de una persona ciega. Para comprobar esto último, se han llevado a cabo experimentos en los que se ha visto cómo los pulpos ciegos son capaces de reconocer objetos de distintas formas y tamaños tanteándolos con sus tentáculos, no existiendo ninguna diferencia de identificación con respecto a los pulpos videntes. Todo este despliegue evolutivo de sus sistemas sensoriales está en concordancia con su activo comportamiento, su destreza locomotora y los hábitos cazadores de los pulpos.

El Camuflaje de los Pulpos

Exclusivamente marinos, la piel de los pulpos no está preparada para los enormes cambios osmóticos que supondría siquiera estar en aguas salobres. Pero sí lo está para exhibir cambios cromáticos que utiliza tanto para comunicar su estado de ánimo como para camuflarse y pasar desapercibido. Los responsables de esta variación cromática son los cromatóforos, unas células que contienen pigmentos marrones, naranjas, azules o negros. El cambio de color resulta por la contracción de unas microfibrillas musculares adheridas al cromatóforo; esto hace que la célula sea estirada exponiendo el pigmento a la vista y se manifieste así el color de dicho pigmento. Cuando las microfibrillas musculares se relajan, los cromatóforos se contraen y el color no se manifiesta al estar los pigmentos concentrados en un punto. El sistema nervioso de los pulpos controla la actividad de los cromatóforos, siendo la visión el estímulo principal. Una diferencia fundamental con los peces que cambian de color, es que en estos últimos la contracción o expansión del pigmento no es por contracción o expansión de la célula cromatófora, sino por concentración o expansión de los orgánulos que contiene el pigmento, sin que la célula cambie de forma ni tamaño.

Otras Defensas de los Pulpos

Un pigmento oscuro y que no se encuentra en el interior de ninguna célula, sino en el interior de una bolsa, es la famosa tinta de los pulpos, sepias y calamares. Los granos de melanina son secretados por una glándula del recto y almacenados en una suspensión líquida en una bolsa que desemboca muy cerca de la apertura del ano. Ante una situación de peligro, el animal no dudará en vaciar su contenido para despistar al agresor.

El pie musculoso de otros moluscos, como almejas y caracoles, se transforma en el pulpo en los ocho tentáculos y en el sifón. Este último, un tubo musculoso que sobresale de la cabeza, comunica el exterior con la cavidad paleal, cavidad bañada por el agua de mar y donde se sitúan sus dos branquias y los poros anal y genital. Utilizado como tobera de un chorro a propulsión, la orientación del sifón es fundamental para permitirle una rápida huida en la dirección adecuada.

Los Pulpos

Pulpo a la fuga

Los Pulpos

Calamar común (Loligus vulgaris)

Los Pulpos

Sepia Común (Sepia officinalis)

La Reproducción en los Pulpos

No todos los brazos tienen el mismo tamaño o la misma función. Los ventrales son algo más cortos que los laterales, y en el caso de los machos, el extremo del tercer brazo se transforma en forma de cucharilla por necesidades reproductoras. En efecto, este tercer tentáculo modificado para la reproducción, denominado hectocótilo, tiene la misión de posibilitar la introducción de los paquetes seminales del macho en los conductos gonadales de la hembra. Los paquetes seminales o espermatóforos son pequeñas cápsulas, de unos 15 mm de longitud, que contienen los espermatozoides. El macho los almacena en gran número en una bolsa especial y los va sacando con este tentáculo conforme los necesita para fecundar a la hembra. En la parada nupcial el macho, de mayor tamaño, se exhibe ante la hembra manteniendo una danza ritual muy elaborada, en donde los cambios de color y los tocamientos con los tentáculos son necesarios para que la hembra sea receptiva y tenga lugar la cópula. En alguna ocasión se ha descrito que el macho ha sido devorado por la hembra tras el acto, pero esto no es lo habitual.

La puesta, con los huevecillos arracimados en forma de cirios, es adherida por su madre al techo del escondrijo. Ella jamás los abandonará durante el mes largo que dura la incubación. Durante este tiempo se dedica exclusivamente a su custodia, alejando a los enemigos, removiendo el agua para que estén bien oxigenados y eliminando impurezas de su superficie. Como en este periodo no sale a cazar, no come; y poco a poco sus energías se van consumiendo, por lo que tras la eclosión de los huevecillos, generalmente termina muriendo. Al presentar desarrollo embrionario directo, los recién nacidos no tienen que sufrir ninguna metamorfosis tras la eclosión, siendo regordetas versiones en miniatura de sus progenitores. Durante las primeras semanas flotan a la deriva cabeza abajo, llevando una vida planctónica. Lentamente se van transformando en nadadores activos hasta que su destino final son los fondos rocosos del litoral.

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2017-02-27T11:57:02+00:00

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